Gran Sabana no postal

Mi madre siempre dice que vivo "en el fin del mundo". Yo vivo en la Gran Sabana, en el sureste extremo de Venezuela, en un sitio tan distante
y tan distinto que hasta se me ocurrió quedarme a vivir. Los invito a conocer esa Sabana que experimento en mi cotianidad: la Gran Sabana no postal.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Sombras sobre Cielo Azul

Mientras los Shamsaldeen batallan entre la vida y la muerte,  cientos de habitantes de Santa Elena salen a las calles para protestar contra la Policía del Estado Bolívar (PEB). Fotografías: Morelia Morillo,

En menos de una semana, el esposo (papá) de la familia Shamsaldeen dejó de tener mujer e hijos y su dolor es tanto que trascendió los muros y rejas de su casa y arrastró consigo a un pueblo. Santa Elena de Uairén está de luto.

Ese día, cinco de septiembre, los Shamsaldeen debieron amanecer como de costumbre, en la rutina diaria de una familia de origen sirio que se hizo al sureste profundo de Venezuela.

Y de pronto, al menos cuatro hombres armados (hay quienes dicen que eran cinco o seis) violentaron aquella casa clara, limpia, bonita, recién remodelada y asegurada con rejas y cámaras y trastocaron todo a punta de exigencias, amenazas y balazos.

El hogar de los Shamsaldeen se encuentra en la vía principal de Cielo Azul, la primera urbanización de Santa Elena de Uairén, a no más de 50 metros de un punto de control fijo de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y casi al frente de aquel lugar en donde Tras el balazo, vino la espera en abril pasado.

Odai, el mayor de los hijos, falleció en el Hospital Rosario Vera Zurita de Santa Elena, siete días antes de cumplir sus 19; Taemor, de 16, en el Hospital General de Roraima (HGR), en Boa Vista, en la madrugada del domingo siguiente; la mamá de ambos también murió en el HGR antes del lunes 12. Un disparo devastó su cerebro.

En esta frontera, es común que las ambulancias crucen al lado brasilero con sus pacientes porque en el Rosario Vera Zurita no hay medicinas, ni médicos especialistas y los quirófanos llevan meses sin aire acondicionado. Varias veces al día, encienden sus sirenas y viajan a Boa Vista, la capital del estado de Roraima, a 220 kilómetros de distancia, con parturientas primerizas, infartados, mineros palúdicos, accidentados, heridos de bala.

Mientras los Shamsaldeen batallan entre la vida y la muerte,  cientos de habitantes de Santa Elena salen a las calles para protestar contra la Policía del Estado Bolívar (PEB). Gritan que eran (¿O son?) agentes los responsables. Francisco Rangel, gobernador de Bolívar, lo desmiente. La PEB también. El comisario Ángel Castillo, designado para atender la crisis en Gran Sabana, dice que los muertos hacían parte de la banda del Pata e´ Loro. Pero Pata e´ Loro también está muerto desde hace meses. En donde los Shamsaldeen murieron uno (¿Dos?) de los delincuentes, Mientras que dos (¿Tres, cuatro?) están detenidos. Castillo además explica que "factores políticos tienen sus manos metidas aquí tratando de crear el caos", si bien lamenta lo sucedido y exige "todo el peso de la ley, caiga quien caiga".

Muere Odai y los comerciantes cierran sus locales. Cientos salen a las calles. Rayan paredes, parabrisas, franelas, hojas de papel bond, cartulinas:"Polichoros"; "Polimalandros"; "Asesinos de familia". Queman cauchos frente a la sede la PEB y al anochecer cierran el paso sobre la Troncal 10, a la altura del puente Wará, la única vía que conecta  a Santa Elena con el resto del país y con la frontera.

A media noche del lunes, el ministro del Poder Popular para las Relaciones Interiores y Justicia, Néstor Reverol Torres, ordena al comandante del Destacamento de Fronteras 623 de la GNB, Carlos Chirinos, tomar el  control del Centro de Coordinación Policial.

Entonces, al cierre del Cabildo Abierto, el martes siguiente, indígenas y no indígenas -la Gran Sabana es la tierra del pueblo indígena pemón- coinciden en una exigencia "que no se politice lo sucedido" y deciden acompañar  a los guardias y a los capitanes indígenas hasta echar de una vez por todas a los policías del municipio.

Santa Elena es la última ciudad  venezolana hacia el sureste. Una población distante, se encuentra a 1350 kilómetros de Caracas; aislada, de los 36.000 kms² del municipio Gran Sabana, 30.000 kms² conforman el Parque Nacional Canaima; tradicionalmente tranquila, en donde hasta hace cinco o seis años se podía vivir sin cercos eléctricos, sin cámaras, sin rejas en puertas y ventanas, sin alarmas. En donde aún se muere de forma natural e impacta de la violencia.  En 2011, sus pobladores expulsaron a los efectivos del Cuerpo de Investigaciones Científicas Penales y Criminalísticas (Cicpc), acusados de extorsión.

Es viernes y el pueblo, de no más de 25 mil personas, se paraliza por completo ante la llegada del cuerpo de Odai. Por Facebook un amigo de la familia comunica que no acostumbran velar a sus muertos, pero que harán un alto entre la autopsia y el cementerio para compartir con los amigos. En el hogar violentado, docenas de hombres, paisanos de los Shamsaldeen comparten su dolor con docenas de adolescentes, brasileros y venezolanos, llorosos. El dolor no conoce de idiomas ni edades.


La Principal de Cielo Azul está intransitable. Sólo el carruaje fúnebre, de placas brasileras, consigue penetrar el tráfico y llevarse el cuerpo hasta Boa Vista en donde será sepultado.


 La Escuela "Cícero Vieira Neto" de Villa Pacarima, la localidad brasilera en la frontera con Venezuela, suspendió sus actividades durante semana y media. Cada vez más familias residentes del lado venezolano procuran un cupo en las escuelas del lado brasilero.

La Principal de Cielo Azul está intransitable. Sólo el carruaje fúnebre, de placas brasileras, consigue penetrar el tráfico y llevarse el cuerpo hasta Boa Vista en donde será sepultado. Cuando el coche parte, el padre (esposo) de la familia Shamsaldeen apenas puede mantenerse en pie. Se aguanta contra la vivienda rural más cercana y enciende un cigarrillo. Pocas horas después, murieron su mujer y su hijo menor.  


2 comentarios:

JOSE VIRGILIO LEON dijo...

TERRIBLE LO QUE DESCRIBES LO MISMO SUCEDE EN NUESTROS BARRIOS Y CIUDADES. CUANTO DOLOR DE TANTA GENTE BUENA.

Morelia Morillo dijo...

José Virgilio,

Gracias por leer, comentar y compartir el dolor evidente en este relato.

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